“Un paseo al Tunal”

FUNDACIÓN PAVONI COLOMBIA

“Un paseo al Tunal”

Este paseo de integración familiar al parque El Tunal estaba previsto para el mes de septiembre que en Colombia se celebra el Mes del Amor y la amistad, pero por falta de participantes tuvimos que aplazarlo para el pasado 10 de octubre. (y es que aunque ya casi parece dominado por las vacunas, el coronavirus sigue estando presente y todavía mucha gente tiene miedo a salir).

Si bien no fueron los 80 niños que están inscritos en nuestra Fundación durante este año, al menos esta vez sí hubo un grupo bastante nutrido de 30 personas, entre niños y papás que disfrutamos de ese día de convivencia.

El parque el Tunal no es el más grande ni el más bonito de Bogotá, pero sí uno de los más bonitos, grandes y cercanos a nuestra casa y para divertir a los niños y adultos fue más que suficiente. Además Diosito nos regaló un día espectacular de los que se ven pocos últimamente por acá.

Lo primero que hicimos nada más llegar fue montarnos al Trasmicable que es un teleférico público que sube hasta arriba del todo del barrio Ciudad Bolívar. Ese barrio es uno de los más pobres y peligrosos de Bogotá, pero nosotros no nos bajamos del aparatico y por eso no tuvimos ningún problema de atracos. Además los niños pudieron ver a vista de pájaro las dificultades por las que atraviesan otros niños aún más pobres y necesitados que ellos. Yo iba en el vagón con 6 niños que no estaban acompañados por los papás y para entretenerles y hacerles perder el miedo les dije que daría un premio al primero que viera un gran ojo en la montaña. Por el camino todos decían que eso era mentira, que era una broma,… pero al final sí descubrieron el gran ojo de la montaña y todos nos echamos a reír. Realmente el trasmicable es la forma más económica y bonita de disfrutar de una linda atracción para un niño del sur de Bogotá (¡mucho mejor que la montaña rusa o la noria!).

Después de casi una hora de recorrido bajamos al parque el Tunal. Los niños estaban hambrientos pero yo les dije que hasta las 12 m. no se almorzaba y que antes debíamos ver el Centro Felicidad. Ese edificio es nuevecito y tiene dos piscinas climatizadas, gimnasio, polideportivo cubierto,… Realmente una belleza de construcción en pleno sur de Bogotá (¡lástima que para disfrutar de esas atracciones haya que pagar un poco y además esté un poco alejado de nuestra parroquia!).

Después, como lo prometí, cuando llegaron las doce nos fuimos a almorzar a un lindo jardín muy cerquita de tres lugares superapetecidos por los niños: El castillo, la playa de arena y la laguna.

Algunos almorzaron en cinco minutos y ya querían ir a disfrutar de esas atracciones, por lo que nos obligaron a comer a toda prisa para poder acompañarlos.

Se lo pasaron superchévere: construyeron castillos de arena, se enterraron en la arena, subieron y bajaron del castillo al menos 20 veces y se acercaron a la laguna. Uno de los niños arrojó sin querer el balón a la laguna y parecía que ya lo íbamos a perder cuando a un niño se le ocurrió que entre todos hiciéramos olas en el agua con los pies y así gracias a los 10 remeros (o “pieceros”) conseguimos rescatar nuestro balón de micro. Entre las anécdotas de ese día estuvo la del niño hiperactivo que perdió la prótesis de los dientes (450.000 pesos) y estuvimos buscándola por todo el parque. Eso era como buscar una aguja en un pajar pero gracias a San Antonio y una señora del grupo, la prótesis pareció en el lugar más inesperado.

Respecto al balón-Moisés la verdad es que casi ni lo utilizamos, porque después de disfrutar de esos espacios nos pusimos a hacer juegos de integración con vendas (la gallinita ciega, etc.) y se nos pasó el tiempo volando.

Antes de regresar a casa hicimos una bonita oración compartida y os encaminamos a coger el bus en la avenida Boyacá.

Eso fue otra aventura porque por allí ya no pasan los buses normales y toca coger el SITP o el Trasmilenio, que es la misma empresa. Los papás solamente habían aportado 2000 peso para el regreso y esos buses especiales costaban 2500. Además venían todos a reventar de gente. Después de media hora de espera yo decidí aportar lo que faltaba e intentar parar algunos Sitp que iban a nuestra zona, pero los conductores al ver toda la tropa que éramos aceleraban más y nos dejaban con las ganas.

Gracia a Dios uno de los papitos de los niños que asistieron al paseo trabaja en un sitp y habló con un compañero que venía por esa ruta y nos llevó, con la suerte de que además los más pequeños no pagaron pasaje.

A pesar de la aventura del regreso, todos llegamos sanos y salvos gracias a Dios y con el deseo de regresar a ese lindo parque de El Tunal que tan gratos recuerdos nos dejó.

A todas las familias les invitamos a que lleven a sus hijos a los parques pues es la mejor forma de integrar y alegrar a las familias.

¡Feliz mes de las misiones!