Crónica del Encuentro Europeo de Taizé en Roma

replica handbagsEn Europa decimos que todos los caminos conducen a Roma, y en Roma, todos los caminos conducen a Piazza Venezia. En este hermoso lugar se dan cita las principales avenidas y, casi sin quererlo allí iban a parar casi siempre nuestros pies cansados durante estos 8 días. Del 28 de diciembre al 4 de enero, un grupo de trece jóvenes, hemos sitiado y hecho nuestra la Città Eterna. Formábamos parte de un ejército más numeroso, el de los 40.000 jóvenes venidos de todos los rincones de Europa y del mundo para una etapa más de la Peregrinación de Confianza que convoca la comunidad ecuménica de Taizé.

 

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Llenos de preguntas y de expectativas, dormimos en Majadahonda el día 27, y el 28, de madrugada ya estábamos en marcha para coger el avión rumbo a Ciampino. Las maletas no dieron problemas excesivos, los viajeros tampoco. Todo salió a pedir de boca y después de un pequeño callejeo, siguiendo la flecha de ‘Taizé’ llegamos a la Università della Sapieza, donde en nuestro idioma nos explicaron cómo funcionaba el Encuentro y nos enviaron a San Barnaba Apostolo, donde nos estaban esperando nuestros hermanos y amigos con los brazos abiertos. Gracias, Francesco Bellomaria, Fabrizio Papa y todos los amigos de la JMJ. Fue una gozada recordar que a pesar de la distancia y del tiempo, hay algo importante que nos une.

Llegamos muy tarde, con cierta hambre y sólo para dejar las mochilas y salir corriendo hacia San Paolo fuori le Mura, donde era la oración de la tarde. Arco Travertino, Termini, San Paolo… la imponente basílica nos esperaba, a rebosar de jóvenes. Éramos tantos los venidos de tantos lugares, que este año era imposible hacer la oración todos juntos y tuvimos que hacerla por grupos en las diferentes basílicas romanas. El día 29 fue el único día que los 40.000 nos reunimos para rezar. Al no caber en la basílica de San Pedro en Vaticano, lo hicimos en la Piazza San Pietro, iluminada con velas y con la presencia de todos los jóvenes y los hermanos de Taizé. Los controles ralentizaban el llenado de la plaza, pero pudimos pasar todos. Acudió a esta oración Benedicto XVI, no como protagonista, sino como un orante más. El canto “Venite exultemus” resonaba en toda la plaza, y Roma se convirtió en Taizé. El momento del silencio fue impresionante. Nadie hablaba, no había ruidos… sólo se oía el rumor de las fuentes y de vez en cuando alguna campana. En este clima discurrieron todas las oraciones, con el canto y el silencio que lo llenaban todo, las traducciones de las reflexiones del hno. Alois, prior de esta comunidad, animándonos a una nueva solidaridad, en diferentes basílicas, siempre repletas de jóvenes sentados en el suelo: Santa Maria in Ara Coeli, Sant’ Ignazio, Il Gesù, Santa Maria la Maggiore, San Giovanni in Laterano… Y Roma, llena de jóvenes peregrinos. En el Áncora, siempre tan atentos, nos dijeron que se habían visto desbordados con tanto gentío. “Aquí, –nos decían- todos los días es fiesta, pero estos días todavía más”.

Entre col y col, y oración y oración, recorríamos la Città Eterna por las rutas propuestas en las guías de Taizé, descubriendo rincones encantadores que jamás habíamos visto: I Santi Quatro Coronati, Santo Stefano Rotondo, San Giovani e San Paolo, San Gregorio Magno, Santa Maria in Domnica della Navicella,  Santa Maria sopra Minerva, el Pantheon, Santa Maria in Cosmedin, la Bocca della Verità, la judería y la Sinagoga donde nos habló el Rabino de Roma… Con los pies cansados, la cámara de fotos siempre activa, los ojos bien abiertos… porque dos mil años de historia nos contemplaban. Y en los ratos libres, los Foros Imperiales, el Coliseo, el teatro Marcelo, las Vestales…

Uno de los sustos más grandes que nos llevamos, a parte de los que nos dieron los autobuses, metros y escaleras mecánicas… fue contemplar el Circo Massimo repleto de jóvenes para comer. Con un hambre atroz, como dice la canción, y como romanos dispuestos a cruzar las Horcas Caudinas, nos situamos en un par de colas equivocadas, hasta que acertamos. Ciertamente dar de comer a 40.000 es toda una película, y aún así, comimos los canelones, las berenjenas rellenas y las diversas delicatessen que siempre en el estilo y la austeridad de Taizé, nos ofrecieron, con el aire del caos de Roma. Vamos, que sobrevivimos. En cualquier caso fue una delicia comer sentados a los pies del Coliseo, o en el Circo Massimo… y comer con tanta gente con la que nos entendíamos con el corazón, no tanto con el idioma.

Quizá, la experiencia más sorprendente es la de la acogida en las familias, el trato, la amabilidad, la cercanía… la confianza en definitiva. Todos fuimos acoplados en casas, y la acogida que nos brindó la parroquia de San Barnaba Apostolo, dirigida por los pavonianos, fue exquisita. Desde el párroco, el p. Mario Trainoti, hasta el último joven, todos se volcaron en hacernos la estancia más agradable. Un gracias sincero a todas las familias que hicieron posible que la peregrinación fuera realmente de confianza. Gracias por la estupenda cena de nochevieja, por los detalles y atenciones, por la compañía y cercanía de los jóvenes de la Acción Católica, por dejarnos la mejor parte, por los bocadillos de por la mañana, por el baile, las uvas, la música… y por hacernos sentir como en casa. En las familias dormimos, desayunamos, comimos el día de Año Nuevo, y en la parroquia hicimos grupos de reflexión con ucranianos, polacos, portugueses, italianos… participamos en el Te Deum, en la misa de Año Nuevo, tuvimos la oración de la mañana… Fue una suerte encontrarnos con estos hermanos, y sentirnos pavonianos también en Taizé y en Roma.

La última noche decidimos no dormirla. Se superponían los horarios, y de haber dormido en algún sitio en Roma, lo hubiéramos hecho dos horas escasas, así que decidimos patear Roma ‘la nuit’. Todo era para nosotros: podíamos cruzar semáforos en rojo, pasear por la Vía del Corso o por Piazza Spagna sin miedo a ser atropellados; subimos a Trinità dei Monti, visitamos la plaza del Popolo, la de La Republica, le Cuatro Fonante, el Tritón… y por supuesto Nervi, donde arrojamos las consabidas monedas que nos permitirán regresar un día, no muy lejano, a la Ciudad Eterna. Pero antes lo haremos a Estrasburgo, donde será el próximo Encuentro Europeo.Wedding Dresses Online | cheap Wedding dress online