Animándonos a vivir este tiempo con intensidad y solidaridad

Queridos hermanos, religiosos y laicos de la Familia Pavoniana:

 

Me dirijo a todos vosotros en esta situación de emergencia creada por el coronavirus, declarada como “pandemia” por la organización mundial de la salud. Esto quiere decir que está golpeando a toda la humanidad y se está extendiendo a todos los países. Son tiempos de incertidumbre, de inseguridad y, en cierto modo, de angustia. Puedo decir que ninguno de nuestros hermanos, sea religiosos o laicos, se ha contagiado. Damos gracias a Dios y, al mismo tiempo, dirigimos nuestro recuerdo y oración a todas aquellas personas que están contagiadas o que han fallecido a causa de este virus.

Mi mensaje, que parte de la experiencia italiana y española, pero que se está extendiendo a otros países que están tomando o tomarán las mismas medidas que aquí, quiere ser un mensaje de esperanza; después de la tormenta, siempre llega la calma. Es un momento difícil pero  no definitivo; con la colaboración de todos, lograremos vencer esta situación.

No hagamos caso a los mensajes catastrofistas y apocalípticos que nos están llegando, diciendo que esta situación es un castigo de Dios por el mal comportamiento de la humanidad, dado que nos hemos olvidado de Él, y hace sentir su presencia castigándonos con esta “pandemia”. Este no es el Dios que nos ha revelado Jesucristo. Menos mal que Dios no castiga nuestros pecados aquí en la tierra; si no, no sé si estaría aquí alguno de nosotros. “ Si llevas cuenta de los delitos Señor, quién podrá resistir?; pero de ti procede el perdón y así infundes respeto” (Sal 129). “Yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ez 18,23). No atribuyamos a Dios categorías de pensamiento y actuación que son propias del hombre vengativo y justiciero. Nuestro Dios es misericordia, ama tanto a la humanidad que es capaz de entregar a su Hijo a la muerte para salvarla definitivamente.

Tomemos esta situación como oportunidad para crecer en humanidad, en solidaridad y fraternidad, y también en fe. Aprendamos de los mensajes que nos están llegando en estos días a través de los medios de comunicación y de la entrega generosa de tantas personas, y que nos ayudan a entender y experimentar la necesidad que tenemos los unos de los otros:

-          Se nos invita a la responsabilidad personal. Cada uno debe hacer su parte para garantizar el bien común. Salir de esta situación depende de cada uno de nosotros. Nadie puede pensar: “esto no va conmigo, yo sigo a lo mío”;

-          Se nos invita a la unidad, a luchar juntos, a mirar la colectividad. La unión hace la fuerza. No puedo mirar solamente a mí mismo, pensando que mi actuación no incide en los demás; esto entra en el terreno de la caridad y el amor fraterno;

-          Se nos invita a valorar y agradecer el trabajo y la colaboración de los otros: médicos, enfermeros, voluntarios, familiares… “Es de bien nacidos ser agradecidos”. Acostumbrados a mirar el mal en los otros y no el bien, acostumbrados siempre a buscar culpables para tranquilizar nuestras conciencias, hoy se nos pide mirar el bien y agradecerlo. Pienso en tantos religiosos, religiosas y laicos que siguen al pie del cañón en actividades que no pueden ser cerradas o suspendidas (hogares tutelados, comunidades terapéuticas, residencias de ancianos, hospitales…)

-          Se nos invita a valorar la libertad que, encerrados en nuestras casas, hoy echamos de menos. Mi libertad, que acaba donde empieza la libertad del otro.

-          Se nos invita a rezar mucho en esta situación, a ponerla delante de Dios para que él mire con amor y sea providente. “Sólo en Dios descansa mi alma” (Sal 61). Dios da sentido a todo esto que nos está ocurriendo. Esta actitud nos ayudará a no perder la esperanza ni la alegría de vivir: no caeremos en el desánimo ni seremos profetas de pesimismo.

-          Se nos invita a saber ocupar el tiempo. A veces nos quejamos de que no tenemos tiempo para cultivar nuestro espíritu: ahora lo tenemos, aprovechémoslo. Muchos están trabajando en estos días a distancia, a través de los medios de comunicación a su disposición. No son días de vacaciones, sino de trabajar de otra manera.

En estos días estamos experimentando sensaciones fuertes:

-          Necesidad de encuentro, de abrazo, de una comunicación más profunda. Ahora que nos vemos imposibilitados de hacerlo, lo echamos de menos. Esto quiere decir que tenemos necesidad de ello.

-          Tantas veces criticamos que los medios de comunicación actuales favorecen el individualismo, el anonimato, la pornografía, los juegos de azar etc.; esto es verdad cuando son mal utilizados. Estamos experimentando el valor de los nuevos medios de comunicación para mantenernos en contacto en esta situación, y cómo son instrumento precioso de comunicación, si sabemos utilizarlos bien.

-          Tenemos la sensación de que somos poca cosa y un virus puede poner de rodillas a toda la humanidad; aquí no sirve el dinero, ni la fama ni el poder, y mucho menos las apariencias: estas situaciones nos desnudan y nos quitan las máscaras que tantas veces nos ponemos para aparentar y no ser.

Esta situación, tomada como oportunidad y vivida desde la seriedad y desde la profundidad que requiere, hará mucho bien a la sociedad, a la Iglesia, a la vida religiosa y a toda nuestra familia. Aprendamos de los acontecimientos: esta es formación permanente desde lo cotidiano.

Pido a los religiosos aprovechar la situación, dedicar más tiempo a la oración y la celebración, hechas con calma, sin prisas. Dedicar más tiempo a la vivencia de la fraternidad y a la recreación comunitaria. Dedicar más tiempo a la lectura y a la solidaridad, en la medida de lo posible con los que lo están pasando mal. Pido a los laicos una vida de familia más intensa, cuidado de los suyos con esmero, oración más asidua, lectura y práctica de hobbys  en familia, quizá olvidados. A todos pido serenidad, confianza, esperanza y oración. En fin, aprendamos a profundizar más el “ser”,  privilegiándolo sobre el “hacer”,

En esta situación, pienso en nuestro próximo Capitulo general. No sabemos cómo evolucionará todo esto en los diversos países en los que estamos, y tampoco sabemos cuánto puede influir esta situación en dicha celebración. En el mes de mayo, y viendo cómo estaremos entonces, tomaremos la decisión de posponer la celebración del mismo o de mantenerla como está programado. Iré comunicando oportunamente las decisiones.

Pongo en las manos de Dios toda esta situación y a las personas que la están sufriendo más directamente. Que el Señor, a través de la protección de la Virgen Inmaculada, nuestra querida madre y de nuestro Santo fundador S. Ludovico Pavoni, nos bendiga a todos.

Un abrazo fraterno y siempre agradecido

 

                                                                                  Ricardo Pinilla Collantes

 

Tradate, 17 de marzo de 2020