Sobre el año de la misión pavoniana, llevar a los jóvenes a Cristo

Queridos hermanos religiosos y laicos de la familia pavoniana:

     Dadles vosotros de comer (Mc 6, 37). La misión confiada a la comunidad-familia pavoniana: conducir los jóvenes a Cristo (DC 41, 2.2).

     Este es el tema propuesto para este segundo año después del Capítulo general.

     Debemos ser conscientes que, como familia pavoniana, hemos recibido del p. Pavoni lo que él concibió como un “proyecto dictado por el cielo”, es decir, dedicar la propia vida a ayudar a los muchachos y jóvenes más necesitados, sabiendo que así era expresión concreta del amor y la predilección de Dios por ellos.

     El mundo y la Iglesia de hoy siguen necesitando respuestas concretas, respuestas desde el carisma pavoniano a tantos desafíos de los jóvenes que sufren las viejas y las nuevas pobrezas.

 

1. La misión confiada a la comunidad-familia pavoniana

     Todos debemos tener presente la importancia que la comunidad religiosa tiene en las actividades donde concretamos nuestra misión. Recordemos el giro copernicano que nos planteaba el p. Lorenzo Agosti, “la comunidad al centro”, “la comunidad unida a los laicos para la misión”. Que la misión sea confiada a la familia pavoniana, habla de sinergia, de colaboración, de integración de individualidades en un proyecto común, de intercambio de dones en orden a la misión común, de proyectar conjuntamente, de diálogo, de confianza de unos en otros.

     Es verdad que en diversas ocasiones la presencia de los religiosos en las actividades, por diversos motivos, es reducida, pero no es menos verdad que debemos asegurar la carismaticidad de nuestras actuaciones. Para esto debemos empeñarnos todos en llevar a cabo:

-       mayor presencia de los religiosos en la misión de cada comunidad;

-       una formación conjunta de religiosos y laicos (colaboradores, educadores, profesores, dependientes, no dependientes…) centrada en la figura y el carisma del Beato Pavoni (DC 41, 2.1);

-       discernimiento con la implicación de todos de las necesidades actuales de los jóvenes y respuestas que nuestro carisma puede dar (DC 41, 2.1);

-       colaboración en la misión común, esto va más allá de las responsabilidades asignadas a cada uno. Se trata de ser expresión del carisma pavoniano hoy, religiosos y laicos juntos como familia;

-       impregnar todas nuestras actividades del pavonianidad. No todo vale, lo nuestro es dar respuesta desde el carisma recibido;

-       aplicar en nuestras realidades el “proyecto educativo” donde se contienen los elementos específicos de la pedagogía y espiritualidad pavoniana (DC 41, 2.3).

 

2. Llevar a los jóvenes a Cristo

     Creo que Ludovico Pavoni llevó a cabo su obra y fundó la Congregación movido por tres sentimientos:

-       había hecho experiencia vital de Cristo como aquel que daba sentido a su vida. Esto le movió a ayudar a los muchachos y jòvenes pobres a que lo descubrieran ellos también;

-       había descubierto que la realidad que veía a su alrededor sólo tenía solución desde los valores del evangelio, es decir desde la propuesta que Jesús traía de parte del Padre;

-       era consciente de que la Iglesia podía ayudar a la sociedad a encontrar el camino siendo Iglesia samaritana, por eso abandona todo para dedicar su vida a la construcción de un mundo mejor desde una actitud de servicio, siendo asì expresiòn caritativa de la Iglesia.

     El papa Francisco sigue insistiendo en una Iglesia en salida, nosotros seguimos insistiendo en una comunidad en salida, una Congregación en salida, una familia pavoniana en salida para vivir con los jóvenes, para escuchar sus demandas, sus ilusiones, sus esperanzas, sus proyectos, sus dificultades, sus fracasos y desilusiones… No nos conformemos con darles sólo recetas aprendidas, de manual, normas doctrinales, démosles lo que llevamos dentro: la alegría de haber encontrado en Cristo la respuesta a todo lo que nos inquieta y mueve nuestro corazón. Todo debe partir de esta experiencia existencial que hacemos cada uno y todos como familia, de la centralidad de Cristo. La familia pavoniana tiene esta misión heredada del p. Pavoni. Lo hará de verdad si individual y comunitariamente descubre cada día que Cristo es el motor y el centro de su entregea, de su vida, de sus desvelos. Nadie puede apasionar si no está apasionado. Nadie puede dar lo que no tiene. Convirtámonos en colaboradores de Cristo en la salvación de esta “pobre humanidad”. Podremos hacer muchas cosas con y por los jóvenes, pero si no les ayudamos a posicionarse ante la realidad personal y de la sociedad como lo hizo Cristo no les habremos dado lo más importante. Atender, socorrer, formar, educar…todo va encaminado a ayudar a los jóvenes a descubrir que la vida tiene sentido desde el servicio, la entrega, la donación, a experimentar que la vida se gana cuando se pierde a favor de los demás y en colaborar en la construcción de una sociedad más humana, más fraterna donde el hombre pueda crecer como persona y como hijo de Dios. Ludovico Pavoni nos descubre que para ser buen ciudadano hay que ser buen cristiano, porque la sociedad se construye desde los valores evangélicos.

     Sabemos que esta tarea en la sociedad en la que vivimos es difícil y que hay que remar contra corriente, para esto hay que pedirle al Señor dos actitudes básicas:

-       Paciencia: nace de la experiencia que hacemos de la paciencia de Dios con nosotros. Con esta actitud no nos dejaremos perturbar por las dificultades y las crisis de los tiempos, sino que mantendremos el ánimo sereno y confiado. La persona impaciente se agita mucho y construye poco; critica constantemente, pero apenas siembra; condena pero no libera. El impaciente cae en el desaliento, el cansancio o la resignación amarga. No espera nada y no infunde esperanza. La persona paciente no se desanima, no se deja llevar por la apatía, el escepticismo o la dejación, lucha y combate día a día porque vive animada por la esperanza. “Si nos fatigamos y luchamos es porque tenemos puesta la esperanza en el Dios vivo” (1 Tim 4, 1).

-       Perseverancia y constancia: conscientes de que estamos atravesando tiempos difíciles, debemos enfrentarlos con lucidez. El trabajo constante y tenaz nos abre a un porvenir mejor. No hay fórmulas mágicas para alcanzar resultados inmediatos. No debemos dejarnos llevar por la desconfianza o el miedo que impiden un compromiso paciente en la búsqueda día a día de caminos nuevos para llevar a Cristo a los jóvenes que nos son confiados.

     Si llevamos a cabo nuestra misiòn de esta manera, capacitaremos a los jóvenes para preguntarse lo que Dios quiere de ellos.

     Haríamos bien en llevar a cabo un discernimiento como familia. Sentémonos, hagámoslo, no dejemos pasar más el tempo lamentándonos o lamiendo nuestras propias heridas.

     ¿ Nos consideramos familia por vocación y carisma heredado o lo hacemos por simpatías o afinidad de ideas?; ¿somos capaces de integrar el proyecto personal en el proyecto común?; ¿tenemos confianza los unos en los otros, o existen demasiadas envidias, sospechas, recelos etc.?; ¿valoramos la labor de todos o por el contrario nos valoramos por el rol que desempeñamos?, ¿Qué prevalece el “aquí yo mando” o el “aquí yo sirvo”?; ¿Nos perciben como familia y presencia de Pavoni, como visibilidad del carisma?; ¿perciben los jóvenes que a través del carisma pavoniano queremos construir un mundo mejor?; ¿estamos convencidos de que Cristo es el mejor regalo que podemos dar a los jóvenes de hoy?; ¿cómo anda nuestra paciencia, perseverancia y esperanza?; ¿nutrimos hacia los jóvenes las más bellas esperanzas o desconfiamos de ellos?

 

3. Agenda del mes de octubre

- Del 1 al 5 de octubre, estaré con los hermanos de Sarno;

- del 4 al 25 de octubre, Sínodo sobre la Familia. Recemos y acompañemos este acontecimiento tan importante.

- 9 de octubre, reunión de la comisión de pastoral juvenil vocacional de la provincia Italiana en Brescia.

- 10 de octubre, encuentro de superiores y vicesuperiores de la provincia Italiana en Brescia.

- del 21 de octubre al 21 de noviembre visitaré la provincia  de Brasil.

- 24 de octubre, ordenación presbiteral de Simon Teklesenbet en su pueblo natal.

 

     Pongo el camino de nuestra familia bajo la protecciòn de la Virgen Inmaculada y de nuestro fundador el Beato Pavoni.

     Un abrazo fraterno y siempre agradecido

 

Tradate, 30 de septiembre de 2015

 

Ricardo Pinilla Collantes