Con la invitación a poner en el centro la comunidad

Queridos hermanos y laicos de la Familia pavoniana:

      «Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos con fortaleza la carrera que nos toca … fijos los ojos en Jesús» (Hebreos 12, 1-2). Estas palabras de la Carta a los Hebreos, que la liturgia eucarística nos ofrece hoy, me parecen particularmente significativas mientras me hallo con nuestros hermanos de Filipinas. Estas palabras constituyen una invitación apremiante en cuatro direcciones.


Mantener fijos los ojos en Jesús

      Busquemos, sobre todo, ser conscientes de los numerosos testigos de la fe que nos rodean. ¡Cuántos hermanos, ayer y hoy, han dado su vida por amor a Cristo! Ellos han dejado todo para seguir la llamada del Señor y dedicarse a la proclamación del Evangelio y al servicio de los hermanos, especialmente de los jóvenes y de los más pobres. ¡Cuánta gratitud sentimos en nuestros corazones cuando nos ponemos ante ellos y cuántos estímulos se derivan de su ejemplo para nuestras vidas!

      Estas palabras, además, constituyen una llamada a liberarnos de la zozobra que bloquea nuestros impulsos para el bien y para luchar contra el pecado. ¡Cuántas buenas obras podríamos realizar y, en cambio, demasiado a menudo nos dejamos condicionar por nuestros miedos, por el egoísmo, la indiferencia, los prejuicios; por no hablar de ceder al pecado, que nos aleja de la fuente de la gracia de Dios, sin la cual nada podemos hacer (cf. Jn 15, 5)!

      Estas palabras nos invitan, pues, a ser perseverantes en la fidelidad a nuestra vocación y nuestros compromisos, a no desanimarnos en las dificultades y las pruebas, a no tener miedo del “para siempre”, a no decaer en la constancia que requieren las obligaciones que hemos asumido libremente con la ayuda del Señor. Más aun, nos animan a correr, es decir, a tender decididamente hacia el ideal que hemos abrazado. No basta caminar, quizá cansinamente y sin entusiasmo. Estamos llamados a vivir con pasión y ardor nuestros compromisos y a encarnar nuestros ideales «con todo tu corazón y con todas tus fuerzas» (cf. Lc 10, 27).

      «Fijos los ojos en Jesús»: él es el principal punto de referencia, el ideal de la vida, el fundamento de nuestra fe, la razón de nuestra entrega. Por haberle encontrado, por haber experimentado su perdón y su amor, por haber fijado su mirada de benevolencia sobre nosotros y habernos llamado por nuestro nombre, le seguimos y dedicamos nuestra vida a él y a los hermanos, a ejemplo del beato Padre Fundador.


Una decisiva “revolución copernicana”: la comunidad religiosa en el centro

      Con estos puntos de referencia podemos hacer frente de forma válida y efectiva también al trabajo de preparación para la próxima Consulta general de mitad del sexenio. El Cuestionario que se ha propuesto no es un gasto de tiempo y energía inútil y molesto, sino una valiosa oportunidad para ver nuestra correspondencia, personal y comunitaria, con el proyecto del Señor. El Documento capitular, desde su mismo título, nos dice cómo corresponder hoy al proyecto de Dios: «Fuertes con la fortaleza de Dios» (CP 69) damos futuro a la misión pavoniana.

      El futuro de la Congregación depende de la providencia de Dios, pero también depende de nosotros.

      En la medida en que nos revestimos de la fuerza de Dios, podemos consolidar las bases para un futuro significativo y esperanzador.

      En la tercera parte del Informe al Capítulo general, decía lo siguiente: «Dar futuro a la misión pavoniana es el punto focal de nuestro Capítulo general. Pero, ¿quién es el sujeto de esta acción? ¿Quién es el sujeto de la misión? Es la Congregación en su conjunto y, en concreto, la comunidad, la comunidad religiosa. Es la comunidad religiosa el sujeto de la misión...

      Creo que el punto clave que puede abrir muchos aspectos de la incertidumbre y la fragilidad de nuestro presente y que puede dar un impulso a nuestro futuro es el siguiente: dar un lugar central y crucial a la comunidad religiosa. En torno a la recuperación de esta centralidad incluso todas las demás dimensiones de nuestra vida pueden volver a encontrar su sentido, su consistencia y su relanzamiento (incluido el papel de los laicos y la perspectiva de la  Familia pavoniana)...

      Los religiosos somos los primeros llamados a cambiar o modificar nuestra forma de pensar. Cuando somos destinados a una comunidad, se nos confía un trabajo que hacer, pero sobre todo se nos llama a vivir en la comunidad, a sentirnos parte de la comunidad, a hacer comunidad, a construir la comunidad, a dar testimonio del amor de Cristo por los pequeños como comunidad.

      Por supuesto que nuestra comunidad debe ser para la misión; pero hay que ser para la misión en cuanto comunidad. Los religiosos hemos de ser percibidos, sobre todo, como comunidad; debemos poner en el centro de todo la comunidad; no tenemos que pensar y actuar como individuos...

      Si nos percibimos como comunidad, si ponemos la comunidad en el centro de todo, este paso nos permitirá hacernos percibir también por nuestros colaboradores y los destinatarios de nuestra misión como comunidad, como comunidad religiosa, como comunidad religiosa pavoniana; en resumen, como una verdadera familia, reunidos en el nombre del Señor y en el nombre del Padre Fundador.

      Y esto se vuelve muy importante; mejor: hoy es esencial para la irradiación de nuestro carisma y la viveza de nuestra misión. No es para la comunidad un replegarse sobre sí misma, sino un concentrarse para expandirse con más ímpetu.

      Está claro que esto requiere y conduce a un cambio de mentalidad y se realiza a través de medidas concretas, tanto para nuestra proyección interna como externa» (3.2 Una “revolución...).

      El Documento capitular, junto con las motivaciones de fondo, ofrece una guía práctica sobre el modo de dar consistencia a la comunidad religiosa, «cómo podemos hacer visible y creíble la comunión-corresponsabilidad en la misión pavoniana». En este contexto, subraya: «Estamos convencidos de que una prioridad de hoy consiste en ser percibidos como hermanos unidos en la misión» (3).

      A través del Cuestionario recibimos la llamada a preguntarnos qué pasos hemos dado en esta dirección. La verificación se convierte, al mismo tiempo, en un incentivo para seguir adelante con mayor convicción y determinación en la aplicación de lo que «el Padre nos pide a través de aquellos signos y mediadores de su voluntad que él mismo nos da» (RV 91).

      Nos guía y nos motiva la pasión por el Señor y por los jóvenes. En estos tiempos complejos y problemáticos para su futuro, tenemos la intención de estar cerca de los jóvenes con el mismo corazón del padre Pavoni y confiando en su intercesión continua.


11 de febrero

      En vista de la memoria de B. V. María de Lourdes, el 11 de febrero, intensificaremos nuestra oración por la canonización de nuestro beato Padre Fundador. Ese día, en 1908, comenzó el proceso para la causa de su beatificación, que tuvo lugar el 14 de abril de 2002. Después de esa fecha se han reportado varios casos de curaciones obtenidas a través de la intercesión del padre Pavoni. Esperamos que entre éstas, o entre otras que puedan suceder próximamente, pronto podamos documentar el milagro necesario para su canonización.

      El 11 de febrero es el Día Mundial de los Enfermos. Que esta celebración anual nos haga más sensibles en estar cerca de los «hermanos enfermos que sufren por ancianidad o enfermedad» (RV 140).

      En este mes de febrero, después de Filipinas, voy a seguir visitando las demás comunidades de la Congregación, empezando por las de Italia.

      En Lonigo, los días 19 y 20, se celebrará la reunión anual de la Familia pavoniana.

      En la víspera de la fiesta de la Presentación del Día del Señor (2 de febrero), jornada mundial de la vida consagrada, damos gracias a Dios por el don de nuestra vocación y le rogamos que nos guíe a todos “por el camino del bien” e infunda “en nuestro espíritu el esplendor de su santidad”.

      Os envío a todos un cordial saludo, también del p. Gildo y de los hermanos y los aspirantes de la comunidad filipina.

p. Lorenzo Agosti


Manila, 1 de febrero de 2011.