CARTA PARA EL MES DE JUNIO

P. Ricardo Pinilla
04/06/2020

Queridos hermanos, religiosos y laicos de la familia pavoniana:

Hemos terminado el mes de mayo, un mes lleno de acontecimientos que nos han tenido muy unidos, a pesar del distanciamiento físico impuesto por el coronavirus. Creo que ha sido la época en la que más hemos compartido, a través de los medios de comunicación, nuestra vida de oración y nuestras celebraciones del tiempo de la Semana Santa y de Pascua, nuestra devoción a María y a S. Ludovico Pavoni, nuestra vida cotidiana de clausura forzada y la misión que hemos seguido haciendo en estos tiempos difíciles de confinamiento. Creo que nos hemos ayudado a vivir y celebrar en profundidad la fiesta de S. Ludovico Pavoni, a través de celebraciones, canciones, vídeos, concursos etc., que han llegado a través de Facebook, youtube, WhatsApp y otros medios. Sería interesante que alguien recogiese tanta creatividad y riqueza desplegada, a fin de hacerla llegar a todas las comunidades y realidades pavonianas.  

Como familia, nos hemos alegrado y entusiasmado con la profesión religiosa de cinco nuevos hermanos (cuatro Brasileños y un Filipino). Esto refuerza nuestra confianza y nuestra esperanza, y es señal inconfundible de que Dios sigue llamando a jóvenes, para que le sigan con el corazón de Pavoni, y de que nuestro carisma está vivo y es necesario para el mundo y la Iglesia de hoy. Las comunidades que recibirán a estos nuevos hermanos, y todas las demás comunidades, somos expresión de la familia en la que han profesado y tenemos una responsabilidad enorme delante de Dios y de estos jóvenes. Debemos ayudarles a mantenerse fieles, ilusionados y contentos, generosos y entregados y, sobre todo, coherentes con lo que han profesado. Deben encontrar en nosotros un modelo de lo que han estudiado, reflexionado y asumido en el noviciado. No necesitan ni buscan comunidades o pavonianos perfectos, pero sí coherentes, auténticos y felices. Necesitan encontrar comunidades centradas en Cristo y presididas por la Palabra, con un ritmo constante de oración y celebración de los sacramentos, conscientes de la centralidad de Dios en su vida. Comunidades vivas, porque están unidas a la vid; radicales y proféticas por su vida austera y entregada; que han hecho opción por los pobres, no de palabra, sino con un tenor de vida de pobreza y austeridad, así como su trabajo y entrega real a los más necesitados. Necesitan encontrar comunidades fraternas, donde se respire el espíritu de familia tan querido por nuestro Fundador, abiertas y caminando con los laicos como Iglesia, religiosos y laicos pavonianos con gran pasión educativa, cuya identidad es la dedicación a los muchachos y jóvenes más necesitados de nuestra sociedad. Si estos jóvenes encuentran comunidades pavonianas con religiosos y laicos desmotivados, mediocres, aburguesados, invadidos de mundanidad espiritual, poco radicales y nada proféticos, se sentirán engañados y defraudados, y algunos se irán a buscar otro sitio donde puedan dar sentido a sus vidas; otros, tal vez se queden,  porque han encontrado una solución a sus vidas, uniéndose así al número de insatisfechos, infelices, mediocres, con doble vida…, que tanto mal hacen a la Iglesia y a la vida religiosa. También hemos gozado con la profesión perpetua de otros dos hermanos: Tom y Medhim. Pidamos al Señor que nos dé el don de la autenticidad, la coherencia y la alegría de la vocación pavoniana.

 

Parece que en bastantes partes del mundo estamos saliendo de la pandemia del corona virus. Estamos en tiempos de comenzar de nuevo la actividad social, económica, religiosa, etc., que no podrá ser como antes, si hemos aprendido de la situación vivida. Esperemos no gastar todas nuestras energías y esfuerzos en cumplir las normativas para no contagiarnos. Las normas son importantes, pero la vida y las dificultades de las personas lo son más. La Iglesia, la Vida religiosa y nosotros, pavonianos, debemos seguir situándonos al lado de los que están sufriendo las consecuencias de esta pandemia, especialmente de los muchachos y jóvenes con los que compartimos nuestra existencia. Tenemos como referencia a S. Ludovico Pavoni: de él hemos dicho tantas cosas y tan bellas en los días de preparación a su fiesta. Pasemos de la admiración a la imitación. En estos momentos de dificultad social, religiosa y económica, y en la que debemos repensar nuestra vida y nuestra misión, sería bueno tener en cuenta los cuatro principios que Papa Francisco considera indispensables para la “construcción de un pueblo en paz, justicia y fraternidad” (EG 221)

a)      El tiempo es superior al espacio  (EG 222)

Vivimos obsesionados por resolver los problemas concretos, las emergencias que tenemos, obtener resultados inmediatos y nos olvidamos de proyectar, de tener visión de futuro. Esto nos lleva a vivir angustiados, con miedo, y nos lleva a un inmovilismo y, lo que es peor, a la desconfianza  y a la falta de esperanza. Creo que este principio nos puede ayudar a proyectar con realismo y, al mismo tiempo, abiertos a la Providencia de Dios, a las sorpresas de nuestros hermanos y de nuestros muchachos y jóvenes.

b)      La unidad prevalece sobre el conflicto (EG 226)

Por experiencia sabemos que el conflicto existe, es una realidad en todo tipo de relaciones humanas y en todas las sociedades y grupos. Cuando nos quedamos en el conflicto, se rompe la unidad y perdemos la perspectiva. Ante el conflicto, dice el Papa, podemos seguir adelante como si no pasase nada, nos lavamos las manos y seguimos con nuestra vida; podemos ser prisioneros del conflicto y vivir buscando culpables en los otros o en la institución; podemos aprovechar el conflicto como instrumento para fortalecer la unidad: esto se consigue con diálogo, empatía, capacidad de reconciliación, de misericordia y perdón. Todo esto hace posible la comunión en la diversidad. Es necesario integrar, luchar por la unidad en la pluralidad, amar de verdad y considerar a los otros en su dignidad más profunda. Cuando dejamos que el conflicto se enquiste, hay que usar el bisturí; esto produce sangre, dolor y sufrimiento, y a veces heridas no fáciles de curar. La unión hace la fuerza. Pocos pero bien avenidos. Precisamente fueron la comunión y la unidad entre los primeros cristianos, las que hicieron atractivas la Iglesia y el mensaje de Jesús, como hemos leído estos días en el libro de los Hechos de los Apòstoles.

c)      La realidad es más importante que la idea (EG 231)

Vivimos en un constante conflicto entre realidad e idea. Muchas veces escuchamos y decimos que estamos hartos de palabras, de discursos, de eslóganes y de proyectos desencarnados y fuera de la realidad. Por otra parte, sentimos que hemos perdido la capacidad de soñar, de tender hacia el ideal. Parecemos más aves de corral que águilas reales. Tantas veces nos vemos divididos en tres categorías:

-          Los ilusos y soñadores (D. Quijote)

-          Los prácticos y que pisan tierra (Sancho Panza)

-          Los que “ni fu ni fa”, los “pasotas” (Sentados al borde del camino)

Todos llevamos dentro de nosotros parte de Quijote y parte de Sancho;  lo importante es implicarnos, no ceder ante la cultura de la indiferencia.

Tenemos que proyectar partiendo de nuestra realidad, de lo que somos, de lo que tenemos, pero también con la mirada puesta en un futuro abierto a las sorpresas de Dios y a la fuerza del Espíritu Santo.

 

d)     El todo es superior a la parte (EG 234)

 

Mirar el todo. A veces dividimos nuestra vida en compartimentos estancos: por una parte la vida espiritual, la oración, la celebración; por otra, el ritmo comunitario; por un lado, la actividad, por otro, la vida personal…Debemos mirarnos como un todo: personas que, unidas fraternalmente, gastan su existencia en favor de los muchachos y jóvenes más necesitados, siendo así expresión de la presencia de Dios. Toda nuestra existencia se enfoca a “la santificación personal y a la salvación del prójimo, conformando la vida entera a la del Divino Maestro Jesús”.

Debemos comenzar de nuevo, proyectar el futuro pensando en los muchachos y en los jóvenes que estamos acompañando, en sus necesidades e inquietudes. A ellos se dirigen nuestra acción, nuestros esfuerzos y desvelos.

A nivel de familia, debemos proyectar desde una visión global de nuestra realidad.  Debemos evitar absolutizar tanto la globalización como el excesivo localismo. Haremos bien en preguntarnos siempre: ¿Dónde están hoy los muchachos y jóvenes más necesitados? ¿Cuáles son hoy las periferias existenciales?

 

El mes de junio está tradicionalmente dedicado al Sagrado corazón de Jesús, como expresión del amor y la entrega por la humanidad. Pidámosle que nos dé un corazón de carne, sensible a las necesidades de los más necesitados. En este mes de junio regresarán a Brasil los 4 religiosos neo profesos, regresarán a Filipinas los hermanos Ziad y Tom: a todos ellos deseamos un feliz regreso y una vida religiosa pavoniana feliz y de entrega generosa.

A lo largo de este mes visitaré las comunidades de Milán, Monza, Lonigo y Montagnana.

 

Pongo el camino de toda nuestra familia bajo la protección de la Virgen Inmaculada, nuestra querida Madre, y de nuestro Santo fundador, San Ludovico Pavoni.

Un abrazo fraterno y siempre agradecido

 

                                                                            Ricardo Pinilla Collantes

Tradate, 31 de junio de 2020

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