CARTA PARA EL MES DE AGOSTO

P. Ricardo Pinilla
17/08/2019

Queridos hermanos, religiosos y laicos de la Familia pavoniana:

Escribo esta carta después de haber pasado una semana en Génova con nuestros hermanos ancianos y enfermos de la Provincia italiana. Doy gracias a los hermanos, y a los laicos y empleados que ayudan a los ancianos, incluso en las necesidades más elementales. Los hermanos ancianos me han pedido que no les olvide, que no les olvidemos: ellos pertenecen a nuestra familia y siguen en misión. Faltaría más que, porque no puedan trabajar en las actividades, no sean religiosos o no estén en misión. Debemos huir de la tentación de crear comunidades funcionales, cuyo centro e identidad sea el trabajo. Con  la necesidad de trabajar, se justifica la falta de oración personal y comunitaria, y se justifican las ausencias de los encuentros comunitarios (comidas, recreo comunitario, diálogo…), matando de este modo la fraternidad y siendo, no hermanos sino compañeros de trabajo. Con qué facilidad olvidamos que el quehacer debe ser expresión del ser.

En mi última carta repasé  el aspecto de la espiritualidad y la oración en nuestras comunidades y núcleos de Familia pavoniana. El fin no era dar una visión pesimista de nuestra realidad; la intención era ayudar a religiosos y laicos a tender hacia el ideal, no quedarnos en la mediocridad o la rutina. Se hacen muchas cosas bien, pero siempre necesitamos mejorar. En esta carta, quiero repasar aspectos de un elemento fundamental e imprescindible de nuestra vida pavoniana: la fraternidad y el espíritu de familia que nos debe caracterizar. Debemos pasar de la vida en común a la vida fraterna en comunidad.

“Ponemos todo en común: ideales, capacidad, dones materiales y bienes espirituales, con espíritu de familia, como reflejo de la mutua e inefable donación existentes entre las Personas divinas” (RV 116)

El Papa Francisco pide continuamente a la vida consagrada ser experta en comunión, cultura del encuentro y de la ternura.

Comunidades fraternas

-          Ya sabemos que estamos reunidos en torno al Señor que nos convoca. Somos hijos del mismo Padre, esto nos hace hermanos. Hemos recibido el don de la vocación y el carisma pavoniano, esto también nos hace hermanos. Debemos aceptarnos los unos a los otros como regalo y don de Dios, (RV 122). Debemos hacernos esta pregunta: ¿Creemos y vivimos convocados por Cristo, o nuestras comunidades se parecen más a organizaciones humanas?

 

La Regla de vida (RV 114) nos recuerda la misión de la comunidad:

-          hacer visible y testimoniar el misterio de la Iglesia comunión.  

-          repetir en el tiempo, entre resurrección y parusía, la experiencia de los primeros cristianos;

-          ser respuesta a la oración de Jesús por la unidad“Que sean una sola cosa…en nosotros…para que el mundo crea” (Jn 17,21)

-          signo que anticipa la realidad futura.

Estamos reunidos en comunidad para un fin apostólico, que consiste sobre todo en el testimonio de vida evangélica y en la actividad de servicio a los jóvenes y a los pobres (RV 120)

 

a)      Dificultades en la vivencia de la fraternidad

-          Relaciones basadas en:

  • simpatías – antipatías;
  • amistades – enemistades;
  • pensamientos uniformes – pensamientos diversos;
  • igualdad de cultura, mentalidad y raza – diferencia de cultura, mentalidad y raza;
  • diferencias de edad

-          A veces se buscan coaliciones y se tienen prejuicios en nuestras relaciones comunitarias, que influyen negativamente en el sentido de pertenencia.

-          Se constata, y así lo han visto los jóvenes durante la formación permanente celebrada en Filipinas, que existe desconfianza en los hermanos, sobre todo en los jóvenes, hasta el punto de no darles responsabilidades. “Acerca de la caridad y unión fraterna; este debe ser el dulce vínculo que une el corazón de todos en uno con el de Jesucristo, por lo tanto cada uno, aun siendo de distinto carácter,  nacimiento, nación, debe unirse de corazón a sus compañeros con los que tendrá que convivir…; debe encontrar en los demás a hermanos y ellos un hermano en él” (CP 304)

-          Al mismo tiempo, se nota una escasa, correcta y honesta información, y una falta de aclaración de objeciones. Nuestras reuniones y encuentros deben ser espacios donde cada uno expresa cómo se siente, cuáles son las dificultades que encuentra en la vivencia fraterna, qué se debe mejorar, para que nuestras comunidades y núcleos de Familia pavoniana sean testimonio de comunión para el territorio. Debemos evaluar cómo nos estamos ayudando unos a otros en el camino de la santidad. Nuestras reuniones y encuentros no pueden ser solamente de programación, de organización, aunque esto sea importante. Nos debemos preguntar: ¿Nuestras reuniones comunitarias sirven para ayudar a los hermanos a ser mejores y más fraternos, o por el contrario son solamente organizativas? ¿Pienso que mi comunidad es testimonio de comunión en el territorio?

-          Falta de equidad y justicia en el uso de los bienes, que lleva a creer que existen religiosos de primera y segunda categoría. A veces, la autonomía económica de algunos contrasta con la excesiva exigencia de dependencia de otros.

-          Poca implicación de algunos hermanos en el proyecto común debido a diversas causas. Se olvida que el proyecto personal debe estar al servicio del proyecto de la familia, que se enriquece con la aportación de todos, que nunca puede ser la misma. ¿Pienso que la comunidad coarta mi libertad y mi autorrealización, o por el contrario me ayuda?

-          Los malentendidos respecto al otro, que desembocan en indiferencia hacia el hermano. Demasiados prejuicios y demasiadas etiquetas, demasiadas críticas negativas sobre los hermanos y demasiadas habladurías incluso fuera de la comunidad. Se juzga y condena al hermano con demasiada facilidad. Todo esto erosiona las relaciones fraternas y el sentimiento de fraternidad. “A los cristianos de todas las comunidades del mundo quiero pedirles especialmente un testimonio de comunión fraterna que sea atrayente y luminosa. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os animáis mutuamente y cómo os acompañáis” (EG 99)

-          Dificultad para aceptar las diferencias, olvidando la unidad en la diversidad.

-          Se nota una dificultad de obedecer a los superiores, a la comunidad y a los pobres.

-          El clericalismo y el individualismo se han infiltrado también en nuestra familia. ¿Cuánto hemos dejado entrar el individualismo en nuestras comunidades y de qué forma se manifiesta? ¿Dónde han ido a parar los recreos comunitarios, las partidas de cartas, el ver una película juntos, el salir a tomar algo juntos, algunos días de vacaciones comunitarias, las sobremesas que alimentan la familiaridad?

 

b)     Antídotos para estas dificultades

-          Experiencia profunda de ser hijos del mismo Padre y, por tanto, hermanos;

-          Conocer y estimar a los hermanos por lo que son, no sólo por lo que hacen. La fraternidad debe estar por encima de la funcionalidad. Estar contentos por los éxitos de los demás. Aceptar que la unidad en la diversidad no es un obstáculo, sino una riqueza que ayuda a crecer en fraternidad.

-          Sentirnos auténticos y contentos, pero no perfectos. Aceptar todo lo que cada uno puede aportar para el bien mío y de la comunidad. Escoger el camino de la misericordia y el perdón en nuestras relaciones fraternas, sabiendo que el otro está necesitado de perdón y misericordia como yo. Saber que no debo pretender que el otro sea como yo, o como yo quiero, sino aceptarlo en su individualidad, descubriendo y potenciando sus aspectos positivos.

-          Experimentar que la comunidad es el lugar donde puedo seguir creciendo por dentro, y no es un obstáculo ni algo que coarta mi libertad. Creer en la fraternidad como lugar del encuentro con la salvación de Dios y como mediación para la misma. ¿Estamos desanimados y somos profetas de pesimismo, o tenemos confianza y esperanza basadas en la confianza en Dios y en los hermanos? ¿Qué me ayuda y qué no me ayuda de la vivencia comunitaria? ¿Actitudes y cosas concretas que mi comunidad debe cambiar para ser más fraterna?

- Abrirnos a comunidades interculturales e internacionales. Cuidarnos unos a otros. Cuidar los aspectos humanos de nuestras relaciones, de forma que cada uno podamos descubrir nuestra capacidad de amar y la necesidad de ser amados. “Reconocerse hermanos llamados a vivir y a trabajar juntos, a contarse gozos y fatigas. Reforzar los elementos irrenunciables que vuelven a la comunidad más familiar y cálida (acogida, escucha, diálogo franco, exhortación fraterna, perdón recíproco…); tener cuidado de cada uno con paciencia y constancia, valorando sus aportaciones dentro del proyecto de Dios sobre la comunidad”. (DC 41. 1.2) ¿Mi comunidad es más institución, pensión o familia? ¿Pienso que mi comunidad es testimonio de comunión en el territorio? ¿Cuidamos los aspectos humanos, afectivos y espirituales en nuestras comunidades, o por el contrario somos perfectos extraños los unos para los otros?

- Diálogo y comunicación sinceros y honestos entre nosotros, perdón y misericordia como actitudes fundamentales. Exhortación fraterna que, hecha desde la caridad, nos puede ayudar a crecer cada día en fraternidad. “Acerca de la caridad y unión fraterna; este debe ser el dulce vínculo que une el corazón de todos en uno con el de Jesucristo, por lo tanto cada uno, aun siendo de distinto carácter,  nacimiento, nación, debe unirse de corazón a sus compañeros con los que tendrá que convivir…; debe encontrar en los demás a hermanos y ellos un hermano en él” (CP 304) ¿Se practica la corrección o exhortación fraterna en nuestras comunidades, o por el contrario existe ese respeto al otro que se convierte en indiferencia y falta de responsabilidad en el camino del hermano? ¿Experimentamos en nuestra comunidad cada día la alegría de vivir como hermanos? ¿Los superiores son percibidos como autoridad y “fac totum”, o como los que nos ayudan a descubrir la voluntad de Dios”? ¿Qué actitudes y cosas hay que mejorar para que un superior sea visto como mediación de Dios?

- Se debería poner en práctica cuanto dice la RV sobre los coloquios personales de religiosos y laicos con el superior de comunidad.

- La Comunidad pavoniana vive el espíritu de familia también con los Laicos más cercanos a ella: nos ofrecemos re­cíprocamente el testimonio de vida evangélica y compartimos, además de la espiritualidad y el servicio apostólico, momentos de oración, de formación y de fiesta. (RV 117)

Algunos pensarán, ¿de qué comunidades está hablando el Superior? Parece que no conoce nuestra realidad. Nuestra realidad de familia es muy plural y con aspectos muy positivos. Pienso que quererse como hermanos, ayudarse recíprocamente en el camino de la santidad, cuidarse unos a otros, no es cuestión de edad, de mentalidad o de cultura, sino que es vital para el futuro de nuestra familia, para ser interpelantes y para ser atrayentes vocacionalmente.

 

Agenda del mes

 

31 julio: Llega desde Asmara a Italia el p. Simón Teklesenbed;

22: regreso de España;

25-31: Ejercicios espirituales de la provincia Italiana en Lonigo;

26-30: Ejercicios espirituales en el Paular de la provincia Española

 

Pongo el camino de toda la Familia Pavoniana bajo la protección de la Virgen Inmaculada, nuestra querida Madre, de San Ludovico Pavoni y de San Ignacio de Loyola.

Un abrazo fraterno y siempre agradecido,

 

                                                                                              Ricardo Pinilla Collantes

 

Galleguillos de Campos, a 31 de julio de 2019

Queridos hermanos, religiosos y laicos de la Familia pavoniana:

Escribo esta carta después de haber pasado una semana en Génova con nuestros hermanos ancianos y enfermos de la Provincia italiana. Doy gracias a los hermanos, y a los laicos y empleados que ayudan a los ancianos, incluso en las necesidades más elementales. Los hermanos ancianos me han pedido que no les olvide, que no les olvidemos: ellos pertenecen a nuestra familia y siguen en misión. Faltaría más que, porque no puedan trabajar en las actividades, no sean religiosos o no estén en misión. Debemos huir de la tentación de crear comunidades funcionales, cuyo centro e identidad sea el trabajo. Con  la necesidad de trabajar, se justifica la falta de oración personal y comunitaria, y se justifican las ausencias de los encuentros comunitarios (comidas, recreo comunitario, diálogo…), matando de este modo la fraternidad y siendo, no hermanos sino compañeros de trabajo. Con qué facilidad olvidamos que el quehacer debe ser expresión del ser.

En mi última carta repasé  el aspecto de la espiritualidad y la oración en nuestras comunidades y núcleos de Familia pavoniana. El fin no era dar una visión pesimista de nuestra realidad; la intención era ayudar a religiosos y laicos a tender hacia el ideal, no quedarnos en la mediocridad o la rutina. Se hacen muchas cosas bien, pero siempre necesitamos mejorar. En esta carta, quiero repasar aspectos de un elemento fundamental e imprescindible de nuestra vida pavoniana: la fraternidad y el espíritu de familia que nos debe caracterizar. Debemos pasar de la vida en común a la vida fraterna en comunidad.

“Ponemos todo en común: ideales, capacidad, dones materiales y bienes espirituales, con espíritu de familia, como reflejo de la mutua e inefable donación existentes entre las Personas divinas” (RV 116)

El Papa Francisco pide continuamente a la vida consagrada ser experta en comunión, cultura del encuentro y de la ternura.

Comunidades fraternas

-          Ya sabemos que estamos reunidos en torno al Señor que nos convoca. Somos hijos del mismo Padre, esto nos hace hermanos. Hemos recibido el don de la vocación y el carisma pavoniano, esto también nos hace hermanos. Debemos aceptarnos los unos a los otros como regalo y don de Dios, (RV 122). Debemos hacernos esta pregunta: ¿Creemos y vivimos convocados por Cristo, o nuestras comunidades se parecen más a organizaciones humanas?

 

La Regla de vida (RV 114) nos recuerda la misión de la comunidad:

-          hacer visible y testimoniar el misterio de la Iglesia comunión.  

-          repetir en el tiempo, entre resurrección y parusía, la experiencia de los primeros cristianos;

-          ser respuesta a la oración de Jesús por la unidad“Que sean una sola cosa…en nosotros…para que el mundo crea” (Jn 17,21)

-          signo que anticipa la realidad futura.

Estamos reunidos en comunidad para un fin apostólico, que consiste sobre todo en el testimonio de vida evangélica y en la actividad de servicio a los jóvenes y a los pobres (RV 120)

 

a)      Dificultades en la vivencia de la fraternidad

-          Relaciones basadas en:

  • simpatías – antipatías;
  • amistades – enemistades;
  • pensamientos uniformes – pensamientos diversos;
  • igualdad de cultura, mentalidad y raza – diferencia de cultura, mentalidad y raza;
  • diferencias de edad

-          A veces se buscan coaliciones y se tienen prejuicios en nuestras relaciones comunitarias, que influyen negativamente en el sentido de pertenencia.

-          Se constata, y así lo han visto los jóvenes durante la formación permanente celebrada en Filipinas, que existe desconfianza en los hermanos, sobre todo en los jóvenes, hasta el punto de no darles responsabilidades. “Acerca de la caridad y unión fraterna; este debe ser el dulce vínculo que une el corazón de todos en uno con el de Jesucristo, por lo tanto cada uno, aun siendo de distinto carácter,  nacimiento, nación, debe unirse de corazón a sus compañeros con los que tendrá que convivir…; debe encontrar en los demás a hermanos y ellos un hermano en él” (CP 304)

-          Al mismo tiempo, se nota una escasa, correcta y honesta información, y una falta de aclaración de objeciones. Nuestras reuniones y encuentros deben ser espacios donde cada uno expresa cómo se siente, cuáles son las dificultades que encuentra en la vivencia fraterna, qué se debe mejorar, para que nuestras comunidades y núcleos de Familia pavoniana sean testimonio de comunión para el territorio. Debemos evaluar cómo nos estamos ayudando unos a otros en el camino de la santidad. Nuestras reuniones y encuentros no pueden ser solamente de programación, de organización, aunque esto sea importante. Nos debemos preguntar: ¿Nuestras reuniones comunitarias sirven para ayudar a los hermanos a ser mejores y más fraternos, o por el contrario son solamente organizativas? ¿Pienso que mi comunidad es testimonio de comunión en el territorio?

-          Falta de equidad y justicia en el uso de los bienes, que lleva a creer que existen religiosos de primera y segunda categoría. A veces, la autonomía económica de algunos contrasta con la excesiva exigencia de dependencia de otros.

-          Poca implicación de algunos hermanos en el proyecto común debido a diversas causas. Se olvida que el proyecto personal debe estar al servicio del proyecto de la familia, que se enriquece con la aportación de todos, que nunca puede ser la misma. ¿Pienso que la comunidad coarta mi libertad y mi autorrealización, o por el contrario me ayuda?

-          Los malentendidos respecto al otro, que desembocan en indiferencia hacia el hermano. Demasiados prejuicios y demasiadas etiquetas, demasiadas críticas negativas sobre los hermanos y demasiadas habladurías incluso fuera de la comunidad. Se juzga y condena al hermano con demasiada facilidad. Todo esto erosiona las relaciones fraternas y el sentimiento de fraternidad. “A los cristianos de todas las comunidades del mundo quiero pedirles especialmente un testimonio de comunión fraterna que sea atrayente y luminosa. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os animáis mutuamente y cómo os acompañáis” (EG 99)

-          Dificultad para aceptar las diferencias, olvidando la unidad en la diversidad.

-          Se nota una dificultad de obedecer a los superiores, a la comunidad y a los pobres.

-          El clericalismo y el individualismo se han infiltrado también en nuestra familia. ¿Cuánto hemos dejado entrar el individualismo en nuestras comunidades y de qué forma se manifiesta? ¿Dónde han ido a parar los recreos comunitarios, las partidas de cartas, el ver una película juntos, el salir a tomar algo juntos, algunos días de vacaciones comunitarias, las sobremesas que alimentan la familiaridad?

 

b)     Antídotos para estas dificultades

-          Experiencia profunda de ser hijos del mismo Padre y, por tanto, hermanos;

-          Conocer y estimar a los hermanos por lo que son, no sólo por lo que hacen. La fraternidad debe estar por encima de la funcionalidad. Estar contentos por los éxitos de los demás. Aceptar que la unidad en la diversidad no es un obstáculo, sino una riqueza que ayuda a crecer en fraternidad.

-          Sentirnos auténticos y contentos, pero no perfectos. Aceptar todo lo que cada uno puede aportar para el bien mío y de la comunidad. Escoger el camino de la misericordia y el perdón en nuestras relaciones fraternas, sabiendo que el otro está necesitado de perdón y misericordia como yo. Saber que no debo pretender que el otro sea como yo, o como yo quiero, sino aceptarlo en su individualidad, descubriendo y potenciando sus aspectos positivos.

-          Experimentar que la comunidad es el lugar donde puedo seguir creciendo por dentro, y no es un obstáculo ni algo que coarta mi libertad. Creer en la fraternidad como lugar del encuentro con la salvación de Dios y como mediación para la misma. ¿Estamos desanimados y somos profetas de pesimismo, o tenemos confianza y esperanza basadas en la confianza en Dios y en los hermanos? ¿Qué me ayuda y qué no me ayuda de la vivencia comunitaria? ¿Actitudes y cosas concretas que mi comunidad debe cambiar para ser más fraterna?

- Abrirnos a comunidades interculturales e internacionales. Cuidarnos unos a otros. Cuidar los aspectos humanos de nuestras relaciones, de forma que cada uno podamos descubrir nuestra capacidad de amar y la necesidad de ser amados. “Reconocerse hermanos llamados a vivir y a trabajar juntos, a contarse gozos y fatigas. Reforzar los elementos irrenunciables que vuelven a la comunidad más familiar y cálida (acogida, escucha, diálogo franco, exhortación fraterna, perdón recíproco…); tener cuidado de cada uno con paciencia y constancia, valorando sus aportaciones dentro del proyecto de Dios sobre la comunidad”. (DC 41. 1.2) ¿Mi comunidad es más institución, pensión o familia? ¿Pienso que mi comunidad es testimonio de comunión en el territorio? ¿Cuidamos los aspectos humanos, afectivos y espirituales en nuestras comunidades, o por el contrario somos perfectos extraños los unos para los otros?

- Diálogo y comunicación sinceros y honestos entre nosotros, perdón y misericordia como actitudes fundamentales. Exhortación fraterna que, hecha desde la caridad, nos puede ayudar a crecer cada día en fraternidad. “Acerca de la caridad y unión fraterna; este debe ser el dulce vínculo que une el corazón de todos en uno con el de Jesucristo, por lo tanto cada uno, aun siendo de distinto carácter,  nacimiento, nación, debe unirse de corazón a sus compañeros con los que tendrá que convivir…; debe encontrar en los demás a hermanos y ellos un hermano en él” (CP 304) ¿Se practica la corrección o exhortación fraterna en nuestras comunidades, o por el contrario existe ese respeto al otro que se convierte en indiferencia y falta de responsabilidad en el camino del hermano? ¿Experimentamos en nuestra comunidad cada día la alegría de vivir como hermanos? ¿Los superiores son percibidos como autoridad y “fac totum”, o como los que nos ayudan a descubrir la voluntad de Dios”? ¿Qué actitudes y cosas hay que mejorar para que un superior sea visto como mediación de Dios?

- Se debería poner en práctica cuanto dice la RV sobre los coloquios personales de religiosos y laicos con el superior de comunidad.

- La Comunidad pavoniana vive el espíritu de familia también con los Laicos más cercanos a ella: nos ofrecemos re­cíprocamente el testimonio de vida evangélica y compartimos, además de la espiritualidad y el servicio apostólico, momentos de oración, de formación y de fiesta. (RV 117)

Algunos pensarán, ¿de qué comunidades está hablando el Superior? Parece que no conoce nuestra realidad. Nuestra realidad de familia es muy plural y con aspectos muy positivos. Pienso que quererse como hermanos, ayudarse recíprocamente en el camino de la santidad, cuidarse unos a otros, no es cuestión de edad, de mentalidad o de cultura, sino que es vital para el futuro de nuestra familia, para ser interpelantes y para ser atrayentes vocacionalmente.

 

Agenda del mes

 

31 julio: Llega desde Asmara a Italia el p. Simón Teklesenbed;

22: regreso de España;

25-31: Ejercicios espirituales de la provincia Italiana en Lonigo;

26-30: Ejercicios espirituales en el Paular de la provincia Española

 

Pongo el camino de toda la Familia Pavoniana bajo la protección de la Virgen Inmaculada, nuestra querida Madre, de San Ludovico Pavoni y de San Ignacio de Loyola.

Un abrazo fraterno y siempre agradecido,

 

                                                                                              Ricardo Pinilla Collantes

 

Galleguillos de Campos, a 31 de julio de 2019

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